Musas griegas

Entre los personajes más bellos que integran el universo mitológico griego, encontramos a las musas griegas. Deidades a las que se las consideraba inspiradoras de las artes y las ciencias. Filósofos y poetas debían sus producciones literarias y artísticas a estas divinidades femeninas, de las cuales recibían su inspiración. Según los relatos, las musas griegas habitaban el Olimpo donde cantaban y bailaban, llenando todo a su entorno de armonía y felicidad. La mitología griega nos habla de la existencia de 9 musas, siendo la más reconocida de ellas, Calíope. Su aparición en los mitos es escasa pero no así el rol que desempeñaban.

Musas griegas

El surgimiento de las musas griegas

Sobre el origen de las musas griegas, existen varias creencias y relatos que dan cuenta de su aparición, pero uno de ellos es el que mejor relación guarda con el importante rol que van a desempeñar dentro de la mitología griega.

Cada una de las 9 musas griegas reconocidas, son producto de 9 noches de amor del dios Zeus con Mnemóside, una titánida con la que el dios griego mantuvo relaciones luego del triunfo de los dioses sobre los Titanes. De acuerdo con este relato, las musas griegas serían nietas de Urano y Gea.

Estas divinidades cantaban, bailaban y recitaban en las fiestas de los dioses del Olimpo. Pero también su sabiduría estaba destinada a dar consejos a los reyes para que tuvieran un gobierno justo y sabio.

El Monte Parnaso era el lugar donde, habitualmente, se encontraban las musas. Este monte estaba consagrado al dios Apolo, que también era considerado el dios de la lira, por ello su vinculación con estas deidades.

Las 9 musas griegas

Calíope, “la de la bella vos”, era la musa más reconocida y considerada la fuente de inspiración de la elocuencia, la belleza y la poesía épica.

Los encargados de los relatos históricos de los griegos, recibían su inspiración de Clio, “la que ofrece gloria”, conocida como la musa de la historia y las epopeyas.

Gracias a Erato, “la amorosa”, los bardos componían bellas canciones amatorias, destinadas a acariciar los oídos de los seres amados. Era la musa de la poesía lírica y romántica.

Cuando un músico podía ejecutar bellas melodías en la flauta, se decía que su inspiración provenía de Euterpe, “la muy placentera”, que era la musa de la música. También de la ejecución de la flauta.

Los relatos trágicos, tan comunes en las ciudades griegas, debían su inspiración a Melpómene, musa de la tragedia, también conocida como “la melodiosa”.

Los cantos sagrados, la poesía sacra y los himnos. Piezas que hacían referencia a las principales creencias religiosas de los griegos, eran producto de la inspiración de Polimnia, “la muchos himnos”.

Talía, “la festiva”, era la musa inspiradora de la comedia y de lo que se conocía como la poesía bucólica.

La danza y la música coral también tenían su musa inspiradora. Ella era Terpsícore, “la que deleita con la danza”. Era la responsable de alegrar las fiestas de los dioses olímpicos con sus armoniosos bailes.

La astronomía, las ciencias exactas y la poesía didáctica, con la que los jóvenes aprendían distintas disciplinas, tenían en Urania, “la celestial”, a su musa inspiradora.

Si bien cada una de estas 9 musas griegas cumplían un rol específico a la hora de inspirar tanto en el arte como en la ciencia, no todas ellas ocupaban un lugar destacado.

Los mitos de las musas griegas

A pesar que no es posible encontrar, dentro de la mitología griega, relatos propios de estas divinidades inspiradores, existen ciertos mitos que las vinculan con acciones propias.

El Piero de Tracia, tenía 9 hijas doncellas conocidas como Las Piérides. Conocidas por la hermosa voz que todas ellas tenían, se atrevieron a desafiar a las musas en el canto. La competencia tuvo como jueces a las ninfas del monte Parnaso y al final de la contienda, éstas fallaron a favor de las musas. En represalia por el desafío, las musas griegas transformaron a Las Piérides en urracas que eran reconocidas por su desagradable graznido.

Las sirenas, también se atrevieron a desafiar a las musas con su canto y fueron derrotadas por las hijas de Zeus. El castigo fue privar a las sirenas de las plumas de sus alas que, ellas mismas, comenzaron a lucir.

Era evidente que la belleza del canto de las musas, con las que inspiraban a los mortales, era objeto de constantes desafíos. Tamiris era hijo de Filamón y una ninfa, pero también un reconocido cantor que desafió a las musas, pidiendo que, si vencía, poder relacionarse con cada una de las 9 musas griegas. El hijo de Filamón fue derrotado y castigado con la ceguera por el resto de sus días.

Los relatos griegos dan cuenta que Orfeo, hijo de Calíope, fue asesinado por Dionisio, que destrozó su cuerpo. Las musas recogieron cada uno de los pedazos y lo enterraron a los pies del Monte Olimpo. Ese lugar se convirtió en el centro de reunión de los ruiseñores donde cantaban como no lo hacían en ningún otro lugar.

Hasta la actualidad el término musa se utiliza para hacer referencia a una fuente de inspiración, como lo fueron las musas griegas, divinidades de la mitología griega.

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