Leviatán

“Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno” Con estas palabras, el Antiguo Testamento de la Biblia hace las primeras referencias a la leyenda del Leviatán.

Leviatán
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Nacido de las tradiciones religiosas judeo-cristinas, el Leviatán hace referencia a un monstruo marino similar a una serpiente gigante. En las distintas interpretaciones de la Biblia se señala que Dios creó al Leviatán en macho y hembra, pero luego dio muerte a la hembra, temiendo que la reproducción de este monstruo fuera inmanejable para los hombres.

Con el tiempo, la referencia al Leviatán fue adquiriendo un sentido más amplio y numerosas culturas identificaron a éste con el mal o con bestias marinas de gran poder destructivo. Para ciertas tradiciones cristianas, este monstruo era una de las personificaciones que podía adoptar satanás o el demonio.

El Leviatán en el Talmud

El Talmud es el libro que recopila todas las tradiciones orales que hacen referencia a la religión y a las leyes judías. En este libro, el monstruo marino aparece mencionado en numerosas oportunidades. Algunas leyendas judías identifican a nuestro personaje con un dragón que podía adoptar indistintamente formas masculinas y femeninas y que fue quien sedujo a Adam y a Eva en el paraíso.

Algunos estudiosos de los tradicionales libros del judaísmo consideran que el Leviatán nació de una vieja leyenda del pueblo Canaanita, que describe una cruenta batalla en Baal y un monstruo marino que poseía 7 cabezas, y al cual derrota.

Otra interpretación de las tradiciones del antiguo pueblo hebreo menciona que el Leviatán será parte del banquete de los triunfantes luego del Armagedón, la batalla final entre Dios y las fuerzas del mal.

¿Cómo afectó la leyenda del Leviatán a las diferentes culturas?

La presencia de monstruos marinos, surcando los océanos y mares inexplorados fue el caldo de cultivo de numerosas creencias, vinculadas a la existencia del Leviatán, por parte de aquellos pueblos con fuertes lazos con la navegación.

En el siglo XVI, un arzobispo sueco de nombre Olaus Magnus, aseguraba haber divisado en los mares la presencia de una serpiente de 60 metros de largo, de color negro y que presagiaba grandes desastres para la humanidad. Otro tanto ocurrió en Noruega, cuando en 1752 fueron publicadas las memorias de un misionero que describía la presencia de un temible monstruo en las costas de Groenlandia. La descripción detallada de este relato señala que una serpiente de grandes proporciones, con una cabeza similar a la de un caballo, con poderosos ojos negros, surcaba los mares del norte, retorciéndose como si fuera un espiral gigante. Este monstruo, que fue identificado con el Leviatán, poseía una larga y blanca cabellera.

La leyenda del Leviatán se ha mantenido presente en la mayoría de los pueblos de pescadores. Cuando la riqueza ictícola de los mares y los océanos aún no había sido explorada y sus especies catalogadas, la presencia de ballenas y orcas siempre fue sinónimo de la aparición en escena del mitológico monstruo bíblico. La presencia del Leviatán servía para ahuyentar a los hombres de pesca en las épocas de apareamiento de las ballenas, que buscaban lugares cercanos a las costas de los mares. El temor al cumplimiento de los presagios bíblicos hacía que los pescadores evitaran adentrarse en los mares para evitar provocar la ira del Leviatán.

En su célebre obra literaria, Moby Dick, Herman Melville narra a través de su personaje Ishmael, las peripecias de una enorme ballena blanca que era perseguida por el misterioso capitán Ahab y su obstinada cacería a ese” Leviatán que lo había privado de su pierna”.

El Leviatán en el presente

La sistematización de los estudios de la fauna marina ha hecho que la identificación del Leviatán con algún tipo de monstruosidad presente en el fondo de los mares, fuera cayendo en desuso y que hoy sólo sea considerado en su acepción más cristina y vinculado a la presencia de un ser maligno, identificado con satanás.

Pero es indudable que el fuerte efecto que los relatos religiosos provocan en las diferentes culturas, significaron que una leyenda tan antigua como la del Leviatán se haya mantenido presente durante miles de años y haya sido adoptada por diferentes culturas hasta, ya entrado, el siglo XIX.

Bestia de los mares y océanos, temida por los hombres, el Leviatán ha alimentado numerosos relatos, que de las tradiciones religiosas pasaron a ser parte del arte. Obras literarias y pinturas han reflejado esta leyenda en innumerables ocasiones y hoy son parte del acervo cultural de numerosos pueblos. Allí donde la simbología de los relatos religiosos se contrapone a los descubrimientos científicos de la humanidad, es la prolífica imaginación de los hombres que mantienen vivas a criaturas surgidas durante miles de años.

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