El Laberinto de Creta

Durante el reinado de Minos, en la hermosa isla de Creta, quien gobernaba desde el fastuoso Palacio de Cnosos, se fue forjando la leyenda del Laberinto de Creta, donde el rey encerró al temible Minotauro. Algunos estudios consideran que la referencia a este laberinto tiene que ver con el propio Palacio de Cnosos que, por su estructura de cámaras y miles de habitaciones, era un verdadero laberinto.

El Laberinto de Creta

El origen del Laberinto de Creta

Cuenta la leyenda, que Minos, deseoso de congraciarse con su pueblo, le propuso a éste que le pidieran lo que ellos desearan. El pueblo le dijo a Minos que solicitara los favores del dios Poseidón para que le obsequiara un toro para sacrificarlo.

Minos pidió los favores de Poseidón y este lo obsequió con un hermoso toro blanco al que Minos debía sacrificar. El rey de Creta quedó tan maravillado por la belleza del toro que decidió engañar al dios del mar, hizo guardar al toro blanco en sus cobertizos y sacrificó un toro común.

Cuando Poseidón se percató del engaño del rey cretense decidió cobrarse venganza e hizo que la esposa de Minos, Pasífae, se enamorara perdidamente del toro. Con la ayuda secreta del constructor ateniense, Dédalo, la esposa del rey logró yacer con el toro y de esta unión nació una bestia mitad humana y mitad toro, conocido como el Minotauro. Este animal tenía una gran predilección por la carne humana.

Dédalo construye el laberinto

Lleno de vergüenza, el rey Minos encargó a Dédalo la construcción de un laberinto que sirviera para encerrar al Minotauro, y del cual fuera imposible escapar. Así, Dédalo puso manos a la obra y construyó el Laberinto de Creta.

Cada luna nueva, era necesario sacrificar un hombre al Minotauro, para satisfacer su hambre feroz de carne humana, en caso contrario, el Minotauro abandonaba el Laberinto de Creta y sumía en la desolación y la muerte a todo el pueblo. Fue durante el transcurso de estos tiempos, que el rey Minos recibe la terrible noticia que su hijo Androgeo había sido asesinado en Atenas y, por ello, decide lanzar un ataque militar contra la ciudad griega.

Las fuerzas atenienses no estaban preparadas para el ataque sorpresivo del ejército de Minos y fueron, rápidamente, derrotadas. El rey Minos ofreció al pueblo de Atenas la paz, a cambio que cada 9 años, los derrotados enviaran a 7 hombres y 7 doncellas para ser sacrificados al Minotauro en el Laberinto de Creta. El acuerdo de paz contemplaba que, si alguno de los jóvenes ofrecidos en sacrificio lograba matar al Minotauro, se consideraría cumplida la condena impuesta a Atenas.

Teseo mata al Minotauro

el minotauro

Cuando el acuerdo de paz debía cumplirse por tercera vez, Teseo, hijo único de Egeo, rey de Atenas, se ofreció como voluntario y juró a su padre, matar al Minotauro. Teseo emprendió el viaje a Creta con el resto de los jóvenes ofrecidos en sacrifico, en un navío de velas negras que simbolizaba el luto ateniense.

Mientras aguardaba su sacrifico en el Laberinto de Creta, Teseo recibió en su celda la inesperada visita de Ariadna, la joven hija de Minos, quien se había enamorado de la belleza del joven ateniense. Ariadna obsequió a Teseo un ovillo de hilo que ella misma había confeccionado y le dijo que atara un extremo a la entrada del laberinto y que fuera desenrollándolo hasta que hallara al Minotauro y cuando le diera muerte, usara el hilo para lograr salir del Laberinto de Creta. Junto al ovillo de hilo, la joven hija del rey le dio a Teseo una espada mágica para que pudiera dar muerte a la bestia.

Cuando Teseo estuvo frente a las puertas del Laberinto de Creta, ató un extremo del ovillo de hilo y comenzó a internarse en el laberinto, en busca del Minotauro. Cuando el monstruo que habitaba allí se le apareció, el joven Teseo estuvo a punto de morir, a causa del terror que impartía la bestia, pero logró recomponerse y con la ayuda de la espada mágica, dio muerte al Minotauro.

Cuando Teseo, con ayuda del ovillo de hilo salió de laberinto, obligó al rey Minos a cumplir su palabra. Antes de partir, Teseo ocultó en el barco a la bella Ariadna y a su hermana Fedra y emprendieron el viaje de vuelta a Atenas.

La venganza de Minos

En colerizado por la fuga de sus hijas, el rey Minos decidió encerrar al constructor Dédalo y a su hijo Ícaro, en el Laberinto de Creta. Pero Dédalo, nuevamente, logró burlar al rey y con la ayuda de unas plumas y cera, fabricó unas alas para él y su hijo y de esa manera, Dédalo e Ícaro lograron escapar del Laberinto de Creta. En vano fueron los esfuerzos de Dédalo por advertir a su hijo que no volara alto porque la cera se derretiría. Ícaro, deslumbrado por la sensación de libertad que le otorgaban las alas, se acercó demasiado al sol, la cera se derritió y el joven cayó al mar y murió, ante la desesperación de su padre.

La leyenda del Laberinto de Creta ha sido objeto de variadas interpretaciones, sobre todo desde el descubrimiento, por parte de Arthur Evans, del Palacio de Cnosos. Algunos antropólogos y arqueólogos sostienen que el palacio era un gran mausoleo y no una residencia y de allí la creencia que el Laberinto de Creta era el propio palacio.

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